Me acabo de apuntar al I Congreso Nacional de Maternidad Multitarea, por “la conciliación entre anhelos, derechos y deberes” que es un tema que me preocupa y me ocupa mucho tanto a nivel personal como trabajándolo en las sesiones de coaching con mis clientas mamás.
Al inscribirme me vino a la mente una pregunta: ¿cómo vamos a pedir o luchar por la conciliación si muchas mujeres ni siquiera pensamos que ser madre sea verdaderamente importante?
Sí, con toda probabilidad las ponentes y las asistentes del congreso lo tenemos clarísimo y por eso estaremos allí. Pero ¿y el resto?
Por eso este post no trata realmente de la conciliación sino de las creencias y de cómo aquello que creemos influye directamente en nuestras prioridades y en cómo vivimos nuestro día a día.
Algunas mujeres lo saben desde el principio, pero algunas otras entre las que me encuentro yo lo aprendimos sólo en el momento en que tuvimos a nuestro bebé en los brazos. Lo confieso, yo era de las que pensaba aplicar Estivill, que durmiera en su habitación desde el principio, tenía muchas dudas de poder darle el pecho y pensaba volver a trabajar y a salir por ahí inmediatamente dejándola con la canguro.
Afortunadamente durante el embarazo descubrí qué era la crianza con apego y las hormonas del amor hicieron el resto. Una vez nació mi hija todo cambió y el apego, el respeto, la escucha auténtica, la empatía y la educación activa se instalaron definitivamente en mi vida.
Ser madre se convirtió de golpe en algo importantísimo, pasó a ser uno de los protagonistas de la película de mi vida y no un mero secundario. Y es sólo entonces, cuando las mujeres podemos reconocer y decir en voz alta que la maternidad es igual de importante en nuestras vidas que el trabajo o la pareja sin miedo a que nos tachen de retrógradas, cuando podemos empezar a hablar de auténtica conciliación.
En ese momento en que acepté que la maternidad estaba al mismo nivel en mis vida que el trabajo, la pareja o los amigos, me di cuenta de que estaba viviendo según unas creencias que ya no me servían, ya no me eran útiles y no estaban en consonancia con mis valores de respeto, cariño y empatía.
El haber trabajado muchos años sobre mí misma para mi crecimiento personal, me permitió darme cuenta de eso y pude cambiar mis creencias para actualizarlas y vivir la maternidad como yo sentía que quería hacerlo, usando el coaching como herramienta práctica de cambio y de mejora.
Las creencias no son de una vez y para siempre, no están grabadas a fuego en la piedra y podemos cambiarlas.
¿Qué creencias antiguas tienes tú que ya no te sirven y cuáles son las creencias que sí te llevarían a vivir como tú quieres hacerlo?




10 abril, 2012
Estupenda entrada, Sol. breve, clara y densa al mismo tiempo.
Añadiría que lo dificil es cuando una creencia se vive como realidad, hasta el punto de que ni siquiera el instinto maternal o la experiencia a la que aludes basta para detectarla y cambiarla… y se entra entonces en un conflicto entre lo que supuestamente es y lo que se quiere vivir de forma intuitiva…
uf, no sé si me he explicado…
Besos.
13 abril, 2012
Te has explicado de maravilla, Carmen. Justamente el estar atentas a esas señales de incomodidad es lo que nos permite descubrir que estamos viviendo en conflicto con nuestra auténtico yo.
La cuestión es que muchas personas se acostumbran a vivir con esa incomodidad permanente hasta el punto de llegar a creer que ese malestar es intrínseco en su vida y que no se puede hacer nada para eliminarlo.
Pero se puede! ya lo creo que se puede, afortunadamente somos muchas ya las que podemos contar historias de transformación y de reencuentro con nosotras mismas.
10 abril, 2012
yo creía que lo sabía, y al nacer Jan me di cuenta de que ni por asomo se acercaba a lo imaginado. Disfruto siendo madre y alucinaba cuando compañeras del grupo postparto me decían que tenían ganas de reincorporarse…. yo para airearme, decía, me bajo con él al parque. y ahora el trabajo me quema, por todo lo que ambos nos perdemos.Y alucino cuando mi jefe (padre también) me llama a última hora para mirar un tema… estoy convencida de que no quiere que salga a mi hora. En que nos estamos convirtiendo? y me siento mal por no liarme la manta a la cabeza en los tiempos que corren… cuánta contradicción. Y el tiempo se va… me consuela, aunque poco, pensar que le doy lo mejor que sé, todo el tiempo que me resta, todo. Y lo que por mí no hacía (mal también ) lo hago por él.
12 abril, 2012
Muy buen tema, muy bien expuesto y desarrollado. Es curioso porque yo viví con mi maternidad algo similar… Se puede decir que por mis creencias anteriores yo pensaba que obraba bien, pero que algo no encajaba. Y lo que me hizo cambiar de creencias fue descubrir la experiencia de otras mujeres y madres que me contaban las suyas. Me costó una crisis personal, y no fue a mejor la cosa, de repente me angustiaba pensar que era un desastre, que todo lo hacía mal. Ha sido un proceso largo de aceptación, de inseguridad, del que finalmente he salido, creo, victoriosa.
13 abril, 2012
Sol, me ha gustado mucho tu post y como lo expones. Yo pienso que de hecho la visa nos brinda continuamente la oportunidad de cambiar nuestras creencias, de adaptarlas a cada situación, de fortalecer nuestros cimientos, de hacer reformas. Pero no siempre somos capaces. A veces las creencias son propias, a veces familiares, otras, sociales, culturales…. Un sinfín de etiquetas que encajonan nuestros sentimientos y nos conducen, en ocasiones, a rechazarlos por no adecuarse a esos compartimentos estancos. Y la maternidad es uno de esos momentos cruciales en nuestras vidas en el que muchas creencias se tambalean. Y si tenemos suerte y no nos negamos la oportunidad de seguir el nuevo camino que se nos pone por delante, tenemos la oportunidad de disfrutar y aceptar el cambio, de acariciar el placer de construirnos de nuevo conforme a las reglas del amor, el respeto, la comprensión; lejos de convencionalismos ajenos a la ternura y el acompañamiento emocional.
La verdad es que yo lo intento cada día, y estoy contenta de lo que he conseguido, aunque a veces salga ese otro yo que he intentado desterrar pero que creció conmigo. La diferencia es que yo ese trabajo personal del que hablas no lo llevé a cabo antes de la maternidad y es algo que justo ahora empiezo a descubrir. Pero cada día camino hacia la utopía, aunque ella se aleje dos pasos. Y al menos, espero poder transmitir a mis hijas esa flexibilidad de la que no disfrutamos nosotras.